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SANGRE Y TEMPERAMENTO PUREZA Y MESTIZAJES EN LAS SOCIEDADES DE

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289 Estas son las Castas más conocidas y comunes; no porque dexe de haver otras muchas, que provienen de la unión de unos con otros, y son de tantas especies, y en tan grande abundancia, que ni ellos saben discernirlas, ni se ve otra Gente en todas las Calles de la Ciudad, en las estancias y en los pueblos. 1 Por ser uno de los principales ramos de raras producciones que ofrecen estos dominios 3la notable mutación de aspecto, Pgura y color que resulta en las sucesivas generaciones de la mezcla de Indios y Negros& a que suelen acompañar pro- porcionalmente las inclinaciones y propiedades. 2 Las llamadas castas de las colonias americanas del imperio español son una ocurrencia central en la historia de la modernidad.

Las craras producciones d a las que se rePere el virrey Amat son, ni más ni menos, que seres humanos 3individuos y grupos 3 nacidos en situaciones confusas, tanto para los dis- tantes Psgones europeos, como para sus integrantes. Los primeros generaron la idea misma de ccastas d por medio de los entramados ideológicos que ase- guraban su enseñoramiento sobre ellas, mientras que los segundos estaban desprovistos de modos de auto-reconocerse y de forjar identidades autó- nomas. Llamarlos cproducciones d o resultados de csucesivas generaciones d SANGRE Y TEMPERAMENTO P UREZA Y MESTIZAJES EN LAS SOCIEDADES DE CASTAS AMERICANAS Carlos López Beltrán Instituto de Investigaciones Filosó?cas- UNAM 1.

Antonio Ulloa (con Jorge Juan), Relación histórica de un viaje a la América Meridional, tt. I y II, ... more.

Madrid, Dastin, 2002 [1746]. 2.


Carta de envío de colección de pinturas de castas, Virrey Amat del Perú, 1770; citada por Ilona Katzew, Casta Painting , New Haven, Yale University Press, 2004. 290 C ARLOS L ÓPEZ B ELTRÁN 291 S ANGRE Y TEMPERAMENTO 3como hace el virrey Amat del Perú en mi epígrafe 3 es ya materializar, 3 darle un carácter Psiológico a su peculiaridad, su otredad, y facilitar el determi- nismo que hace que las cinclinaciones y propiedades d morales estén ligadas a las modalidades que los cuerpos adoptan. Se trata de seres humanos que mediante la noción de castas son vistos como cuerpos humanos anómalos, forzados a presentarse y representarse por sus rasgos físicos 3el color de su piel, los hábitos de sus cabellos, la carnosidad de sus labios, los pliegues de sus párpados 3, por las miradas azoradas y temerosas de sus amos, y también por su propia sorpresa ante su novedad.


El episodio de las castas es central en la historia moderna, pues ese traslado de la otredad desde el hábito moral (como en Montesquieu) hacia el hábito Psiológico es la nuez del racialismo cientíPco y del racismo conco- mitante. 4 Mi interés en este trabajo es explorar esta trayectoria. Me interesa el traslado de la mirada desde la diferencia moral (hoy diríamos, cultural) a la diferencia física, y el aPncamiento en ella de categorías y valoraciones.


Me interesa la movilización para ello de dispositivos teóricos accesibles, disponi- bles en el bagaje cultural de los grupos dominantes (en este caso españoles y criollos) para la obtención, el amarre, de ese afán diferenciador, clasiPca- torio. En el caso de la conceptuación de las castas analizo la presencia, por un lado, de la ideología hispánica de pureza de sangre y, por el otro, la de la más amplia, más antigua, aunque más erudita también, teoría hipocrático- galénica de los temperamentos. Reúno para mi análisis varios materiales que me ayudan a crear sentido en un proceso complejo y proliferante, que tomó varios siglos y que se dio de manera diversa en las distintas regiones americanas que los españoles dominaron.


Destacan tres tipos de accesos a la situación de las castas y a la vivencia de las diferencias corporales en la Nueva 3. Y aquí hay que entender cgeneración d en su acepción de producción nueva y de reproducción biológica. No deja de tener, en este contexto, un sentido de animalización de los individuos a los que se rePere.


La cbrutali- zación d del otro, como se ha dicho tantas veces, pasa por la negación, o disminución, de su humanidad. 4. Varios trabajos recientes han revivido el estudio de la situación americana, en especial la de los criollos como claboratorio de la modernidad d.


Véase, David A. Brading, The First America: The Spanish Monarchy, Creole Patriots, and the Liberal State, I492-1867 , Cambridge, Cambridge University Press, 1993; Benedict Anderson, Comunidades imaginadas. Re@exiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo , México, Fondo de Cultura Económica, 1993; Jorge Cañizares-Esguerra, How to write the history of the new world , Stanford, Stanford University Press, 2001; Jean-Paul Zúñiga, cLa voix du sang.


Du métis à l 9idèe de métissage en Amé- rique espagnole d en Anales HSS , núm. 2, 1999; Serge Gruzinski, El pensamiento mestizo , Buenos Aires, Paidós, 2000. 290 C ARLOS L ÓPEZ B ELTRÁN 291 S ANGRE Y TEMPERAMENTO España: los escritos de los numerosos cronistas, viajeros y naturalistas; las dis- quisiciones de los médicos hipocráticos sobre el temperamento de las nuevas regiones, y 3para el siglo XVIII 3 la tradición de las llamadas pinturas de castas, o de mestizaje.


Acudo a las tres, no con la idea de hacer la historia de la socie- dad de castas, sino de acercarme a los mecanismos, eruditos y populares, de los registros teóricos y taxonómicos de ésta. Entre otras cosas, este ensayo aspira a explorar el espacio abierto entre los siglos XVI y XVIII en Hispanoamérica por los proliferantes efectos que la conQuencia biológica y cultural entre blancos europeos, indios ame- ricanos y negros africanos, que acabó siendo llamada el mestizaje . Quiero hacerlo además con un conjunto de preguntas en las que los aspectos físi- cos, Psiológicos, materiales de dicho fenómeno no están desligados de sus aristas sociológicas y culturales.


La intención es volver a visitar territorios ya cartograPados por los historiadores de la antropología, del arte y de la demografía americanas, con el Pn de preguntarse por la signiPcación de las representaciones de los aspectos materiales de los cuerpos que engendraban y eran engendrados en la nueva, inusitada y creativa situación colonial. Preguntarse por la Psiología y las meteorologías inmiscuidas en ello; por el tejido de valoraciones movilizadas en las teorías de los temperamentos y de las Psiognomías, y enhebradas a su vez con las valoraciones y los signiPcados que la situación política, económica y social exudaban. Mi intención es, Pnalmente, explorar cómo se constituyeron los nuevos cuerpos producto de las mezclas en las complejas sociedades de castas durante el periodo colonial, y cómo después, o simultáneamente, se nombraron éstos, se crepresentaron d teóricamente, y algunos de ellos se estigmatizaron, movilizando los recursos de las ciencias que en ese periodo se dirigían al cuerpo humano: la Psiología hipocrática, la anatomía, la Psiognomía.


N OVEDAD DE LAS CASTAS Una vez desencadenadas las avalanchas de actos políticos de expansión y consolidación imperial española en América, el ayuntamiento sexual y sus secuelas reproductivas fue un fenómeno fatal empujado por las condiciones sociales de los nuevos órdenes (subyugación de pueblos indios, inmigración 292 C ARLOS L ÓPEZ B ELTRÁN 293 S ANGRE Y TEMPERAMENTO europea voluntaria, inmigración africana forzada), por los desequilibrios de género (mayorías inmigrantes varones, humillación y rapto de las indias), por lo que Malthus llamó cinstinto poderoso d de procreación. La novedad de tres grupos humanos tan nítidamente distintos en lo cultural y lo Psiognómico, conQuyendo, mezclándose, perturbándose unos a otros, tan súbita y bru- talmente, arrojó sorpresas chíbridas d de todos tipos y en todas direcciones. 5 Nuevos usos.


Nuevas maneras. Nuevos hábitos. Nuevos cuerpos.


Nuevas palabras. La novedad fue inmediatamente percibida por los protagonistas mismos, y engendró entre ellos, in situ , una acción de reconocimiento y de bautizo. Esto no mereció inmediatamente un esfuerzo erudito de categori- zación, estancamiento y adjudicación de calidades y jerarquías.


No fue sino hasta que las tensiones y preocupaciones de los españoles debieron confron- tarlas, tanto para su administración y regulación locales como para su ali- neamiento respecto de la voluntad de dominación y explotación del centro imperial, que el problema de las cproducciones d surgió. La realidad de lo que en ese periodo ocurrió respecto a las populares comprensión, clasiPcación y denominación de tanta espontánea diversidad se antoja rica y huidiza, y sus detalles están casi seguramente inaccesibles ya para los historiadores. 6 Quizá ante lo elusivo de lo popular, otros han insistido (mas no convencido del todo) en que el motor de la denominación diferenciada desde el inicio de la colonia era antes que nada civil, político y clasiPcatorio.


Aguirre Beltrán, en su ilustre estudio sobre la población negra en México, señala cuatro etapas en la construcción de las taxonomías humanas durante la colonia. Aunque su análisis es iluminador, no deja, creo yo, de tener un afán físico-antropológico vigesimonónico, con sus nociones del cuerpo racial estático, que han caducado. 7 Creo que falta dirigir la atención a la dinámica de proliferación de novedad física (Psiognómica, temperamental) y moral, y a la complementaria dinámica de reconocimiento y administración social y léxica, y sólo al Pnal cteórica d, de dicha novedad.


Conocemos a grandes rasgos sus 5. Es difícil eludir el lenguaje de la hibridación; pero como ha señalado Gruzinski, insistir demasiado en ello es una manía que refuerza las nociones de pureza prístina, previa, de categorías esenciales, o al menos estables. 6.


Esfuerzos importantes en la lexicografía de las castas son el de Álvar y el de Moreno Navarro. 7. Véase Gonzalo Aguirre Beltrán, Obra Antropológica II .


La población negra de México. Estudio Etnohistórico , México, Universidad Veracruzana/Instituto Nacional Indigenista/Gobierno del Estado de Veracruz/Fondo de Cultura Económica, 1989, capítulo IX , pp. 153-179.


292 C ARLOS L ÓPEZ B ELTRÁN 293 S ANGRE Y TEMPERAMENTO motores sociopolíticos, sería interesante explorar los signos que nos revelan la vivencia de los cuerpos y de las maneras de ser, para acercarnos en la medida de lo posible al sentido de las palabras, de las descripciones e imágenes que desde aquellas sociedades en Qujo nos llegan. Relacionada con mestizaje y con las calidades de los individuos pro- ductos de éste, durante el periodo colonial se fue articulando en las colonias americanas una serie de esquemas de dePnición de las distintas mezclas. En paralelo se forjó una prescriptiva de blanqueamiento o puriPcación de las ramas familiares, que aspiraba a revertir o anular, por medio de casamien- tos juiciosos, la mezcla de sangres y de tonalidades epidérmicas, para volver hacia las mejores calidades, españolas, blancas.


Este doble funcionamiento descriptivo, normativo, del que llegó a llamarse sistema de castas, es fuente de mucha confusión. Una conocida descripción somera sobre la manera en que en México se articularon los esquemas de dilución de color (y sangre) con los arreglos sociales coloniales de los que emanaban, la debemos a Hum- boldt. En su Ensayo Político sobre la Nueva España describió los siete grupos principales que componían a la sociedad novohispana.


La población mexicana está compuesta de los mismos elementos que la de las demás colonias españolas. Hay siete castas distintas: 1) los individuos nacidos en Europa, llamados vulgarmente gachupines; 2) los españoles criollos, o los blancos de raza europea nacidos en América; 3) los mestizos descendientes de blancos y de indios; 4) los mulatos descendientes de blancos y de negros; 5) los zambos descen- dientes de negros y de indios; 6) los mismos indios, o sea la raza bronceada de los indígenas, y 7) los negros africanos. Dejando a un lado las subdivisiones, resultan cuatro castas principales: los blancos, comprendidos bajo la denominación gene- ral de españoles; los negros; los indios y los hombres de raza mixta, mezclados de europeos, de africanos, de indios americanos y de malayos; porque con la frecuente comunicación que hay entre Acapulco y las islas Filipinas, son muchos los individuos de origen asiático, ya chino, ya malayo, que se han establecido en Nueva España& 8 Los habitantes de las colonias, por una rePnada vanidad, han enriquecido su lengua.


Dando nombres a las más delicadas variedades de colores, nacidas de la degeneración del color primitivo& 9 8. Alexander Humboldt, Ensayo Político sobre el reino de la Nueva España , México, Porrúa, 1966 [1807-1811], p. 51.


9. Ibid ., p. 89.


294 C ARLOS L ÓPEZ B ELTRÁN 295 S ANGRE Y TEMPERAMENTO Al hijo de un blanco, sea criollo o europeo. Y de una indígena de color bron- ceado se le llama mestizo. Su color es casi perfectamente blanco, y su piel de una transparencia particular.


Su poca barba, manos y pies son pequeños, una cierta oblicuidad de los ojos. Anuncian la mezcla de la sangre india, más bien que la calidad del pelo. Si una mestiza se casa con un blanco, la segunda generación que resulta de esta unión apenas se distingue de la raza europea.


Habiéndose introdu- cido en