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Los cambios ambientales abruptos que no cesan

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1 SUMARIO 3 Enrique Leff E L TURISMO ANTE LOS RETOS DEL CAMBIO CLIMÁTICO Y LA SUSTENTABILIDAD 9 Eduardo Gudynas L AS ÁREAS PROTEGIDAS FRENTE AL AUMENTO DE LA PRESIÓN HUMANA 13 Cristian Frers U NA POLÍTICA AMBIENTAL CONSIDERANDO SEGURIDAD , SALUD Y EDUCACIÓN 15 Eduardo Murillo B IODIGESTORES EN PORQUERIZAS EN CUENCA DEL T EMPISQUE Foto de portada: Randall Campos. Fotos de contraportada superior: Julio Díaz Orias e inferior: Comisión Nacional de Emer g encias. Revista mensual sobre la actualidad ambiental Director y editor Eduardo Mora Consejo editor Manuel Argüello, Gustavo Induni, Wilberth Jiménez, Luis Poveda Fotografía www.galeriaambientalista.com Asistencia, administración y diagramación Rebeca Bolaños Teléfono: 277-3688.

Fax: 277-3289 Apartado postal: 86-3000, Costa Rica. ambientico@una.ac.cr www.ambientico.org Los cambios ambientales abruptos que no cesan Parece indiscutible que en tiempos de cambio socioeconómico vertiginoso las transformaciones que experimenta la naturaleza, a punta de los impactos humanos que recibe, son también vertiginosas. Lo que no resulta tan fácil de determinar -y que a algunos interesa- es si en los tiempos que hoy corren son más vertiginosas las transformaciones sociales y económicas que las transformaciones de natura.

Este asunto es mucho más opaco y de difícil discernimiento porque se refiere a dos procesos que ocurren en dos ámbitos de la realidad (el estrictamente social, y el natural o ambiental) que funcionan de acuerdo a regularidades y principios bastante disímiles. ¿A partir de qué medir la velocidad de uno y otro proceso de cambio? Pareciera una labor desesperada y acaso también inútil.

Pero lo que sí es inobjetable ... more.

es que, por la vastedad (material, espacial) de los cambios socioeconómicos actuales, los cambios en la naturaleza son hoy más vastos que siempre (más materia y espacio comprometidos) y, precisamente por eso mismo, son más arrasadores y contundentes. Y, aparte de sus efectos más vastos, los cambios sociales y especialmente económicos repercuten en la naturaleza de una manera más profunda, porque conllevan una mucho mayor alteración estructural de las entidades biofísicas que involucran, por lo que se hacen doblemente contundentes y más difícilmente reversibles. A lo cual se suma (aunque en rigor no se trata de una suma, sino de otra dimensión de lo mismo) que ahora tales cambios son más visibles, porque los humanos somos más numerosos en la Tierra (pudiendo ver más) y con mejores instrumentos de observación (pudiendo ver mejor).


El resultado de lo anterior es que, hoy, en todos los espacios de comunicación humana constatamos que la gente no acaba de salir de su asombro por lo trepidante del cambio en el ámbito de lo estrictamente humano (novísimas formas de producción y de los insumos involucrados en ésta, novísimos valores y normativas humanos&) y, asimismo, por lo trepidante del cambio en el ámbito de lo natural -o ambiental- (desaparición acelerada de especies y bosques, emergencia de virus y bacterias sembrando enfermedades, cataclismos&). Ambos tipos de cambios súbitos nos están dejando igualmente perplejos. Los cambios acelerados de las prácticas humanas y de la naturaleza suscitan una inquietud creciente que se refleja, además de en cierto miedo generalizado y en el activismo ambientalista, en la labor intelectual de pensadores como los que -entre varios otros- en esta edición presentamos: Enrique Leff vincula la pujantísima y multiforme industria del turismo con el devastador cambio climático que hasta hace muy poco tiempo solo unos pocos señalaban y a nadie alarmaba, y Eduardo Gudynas llama la atención hacia los nuevos retos en protección de áreas silvestres que hoy pueden detectarse ante el cáncer del crecimiento económico que no para de comerse todo lo verde que encuentra, dejando obsoletas muchas de las hasta ahora vigentes orientaciones en materia de p rotección de áreas.


2 El turismo ante los retos del cambio climático y la sustentabilidad E NRIQUE L EFF l cambio climático es el signo más elocuente de la crisis civilizatoria por la que atraviesa la humanidad. Es el resultado de una historia de olvido de la naturaleza: de la arrogancia del ser humano que se otorgó el derecho a dominar y explotar a la naturaleza; de la irracionalidad de una economía que ha socavado sus propias bases de sustentabilidad. E Hoy, finalmente comenzamos a reconocer nuestra deuda histórica con la naturaleza.


La conciencia ecológica nos responsabiliza a todos de la degradación ambiental que ha generado la sociedad moderna; nos obliga a internalizar los costos ambientales en el funcionamiento de la economía, a resarcir la deuda ecológica de la humanidad con la naturaleza y con ella misma, a compensar la huella ecológica de los procesos de industrialización basada en la explotación de los recursos fósiles, de la civilización del auto y de una urbanización que ha aplastado a la naturaleza viva bajo sus planchas de concreto. Hoy tenemos que hacernos cargo aún del impacto ecológico causado por nuestro metabolismo como seres vivos, por nuestras condiciones de supervivencia, y el hiper-consumo de la vida moderna. on la terciarización de la economía, el turismo ha venido adquiriendo un lugar preponderante en la economía global.


Como resultado del desarrollo económico, la economía del ocio ha venido ocupando una parte creciente frente a las actividades agrícolas, extractivas, industriales y financieras. La liberación del tiempo libre y los derechos del trabajador al descanso y al ocio; la mayor longevidad de las personas luego de la jubilación; y el gasto en actividades recreativas de los grupos sociales mejor acomodados, ha generado una demanda de servicios turísticos orientada hacia la creciente valorización de los paisajes naturales, de la vida bucólica y de las actividades culturales; y hasta de otros atractivos menos sanos, como el juego y el sexo ilícito, que han dado estímulo al desarrollo de la industria csin chimeneas d. El campo, el bosque, el aire puro, la brisa marina, los museos, la buena música y el exotismo de culturas tradicionales, adquieren valor económico ante la saturación y hastío de la vida cotidiana.


C El caso de México resulta sintomático y ejemplar. La actividad turística ocupa un lugar preponderante en la economía mexicana, junto con los ingresos provenientes del petróleo y de las remesas de los emigrantes. Ciudades como Nueva York, París, Londres, Madrid, Roma, Florencia, Venecia y Milán se han convertido en atractivos turísticos por su belleza monumental y por su oferta cultural.


Países de culturas enigmáticas y de maravillosos vestigios históricos como China, India, Egipto, Marruecos y Turquía atraen al turismo. México conjuga todos esos atractivos: sus miles de kilómetros de costas y playas; su diversidad geográfica, climática y ecológica; su herencia indígena, el patrimonio histórico de sus culturas prehispánicas y de sus ciudades coloniales. Todo ello convierte a nuestro país en uno de los grandes destinos turísticos del mundo.


Empero, los efectos del cambio climático hoy en día amenazan la sustentabilidad de la industria turística, muy particularmente al turismo de playa que, al igual que el de los pequeños estados insulares y del istmo centroamericano, son azotados por los cada vez más frecuentes fenómenos meteorológicos de alta intensidad, poniendo en riesgo las inversiones del sector y la seguridad de las personas que, ya sea como turistas o como empleados, viven en esos lugares de recreación. No resulta fácil aceptar que hayamos construido tales niveles de inseguridad ambiental, y buscamos calmar la angustia que nos produce afirmando que toda crisis abre nuevas posibilidades. Ciertamente el deshielo de los cascos polares está abriendo nuevas oportunidades al turismo naviero que ahora podrá cruzar el polo norte y disfrutar de cerca sus helados paisajes y sus enormes bloques de hielo a través de cruceros de lujo y de aventura.


Pero esa oportunidad no podrá disminuir los impactos de esos deshielos en la pérdida del hábitat y la fauna de esos ecosistemas; menos aun para la población mundial que sufrirá las consecuencias de la elevación de los niveles del mar o de los fenómenos hidro-meteorológicos asociados al cambio climático. El autor, economista, sociólogo y profesor en la Universidad Nacional Autónoma de México, es coordinador de la Red de Formación Ambiental para América Latina y el Caribe del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y miembro del consejo editor de la re vista Ambientales . El presente documento constituye su intervención en el cVII Congreso Internacional de Turismo: Turismo sustentable: estrategia para el desarrollo d, celebrado en Ciudad de México en octubre de 2007.


3 La empresa turística enfrenta la paradoja de construirse alterando el entorno ecológico y afectando los valores ambientales que la sustentan. La propia economía debe responder a la contradicción de impulsar un proceso de crecimiento basado en la sobreexplotación de la naturaleza, socavando sus bases de sustentabilidad al destruir los complejos y frágiles equilibrios ecológicos de los que depende la conservación de los ecosistemas, la productividad de la naturaleza, la propia economía y la vida misma. Como Saturno erigiéndose sobre pies de barro y alimentándose de su progenie, el sistema económico globalizado intenta salir a flote de su titánico naufragio como aquel personaje de las Aventuras del Barón de Munchaussen que, al verse hundirse en el pantano, intenta salvarse jalándose de sus propios cabellos.


El crecimiento por el crecimiento ha acelerado una carrera irrefrenable hacia un abismo insalvable. Ello requiere una reflexión seria y responsable sobre las causas profundas de la crisis ambiental y el cambio climático, que reoriente las acciones hacia la construcción de un futuro sustentable. No se trata simplemente de disminuir los ritmos de destrucción de la naturaleza (las tasas de deforestación, las emisiones de gases de efecto invernadero), de adaptarnos a un cambio climático ineluctable, sino de contener y revertir tendencias al tiempo que se construye un nuevo orden económico mundial, una nueva racionalidad productiva y un nuevo pacto social, que sean ambientalmente sustentables.


Ostional, Costa Rica Eddy Roias Hoy, en la era de la globalización, el cambio climático está distribuyendo los riesgos y los costos ambientales en todo el orbe, en todas las latitudes y en todos los países. Sin embargo, el calentamiento global impacta de manera más severa a las poblaciones más pobres y a los territorios y los ecosistemas más vulnerables. Si bien la conciencia sobre los costos ambientales del crecimiento económico empezó a surgir en los años sesenta del siglo pasado y se expandió con la Conferencia Mundial sobre Medio Ambiente Humano celebrada en Estocolmo en 1972, el problema siguió siendo soslayado y minimizados sus riesgos.


Solo ahora empezamos a aceptar que la degradación ambiental es antropogénica (proviene de la racionalidad del orden económico y social imperante) y no se debe a causas naturales. El calentamiento global es provocado por las crecientes emisiones de gases de efecto invernadero que atrapan las radiaciones solares e impiden que se disipen hacia afuera de la atmósfera. Esas emisiones son producidas por la industria, por la extracción, transformación y consumo de los recursos fósiles, así como de la deforestación, la quema de bosques, la expansión de la frontera agrícola y ganadera, los procesos de urbanización y el cambio de uso del suelo.


Los gases de efecto invernadero han modificado el balance atmosférico entre carbono y oxígeno, de los 4 cuales depende el equilibrio ecológico y la reproducción de la vida misma. Los recursos fósiles que se formaron en el subsuelo del planeta durante millones de años por la transformación de los organismos vivos y sus moléculas de carbono, han sido extraídos y transformados en tres siglos de desarrollo industrial. El metabolismo de la producción industrial y de un creciente consumo ha destruido el metabolismo de la naturaleza.


La concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera se mantuvo durante millones de años de evolución de la vida por debajo de 280 ppm hasta antes de la revolución industrial. Actualmente, los niveles de CO 2 en la atmósfera equivalen a 430 ppm y se prevé que estos seguirán incrementándose al menos hasta el año 2050. Las previsiones más optimistas calculan que éstas podrían equilibrarse entre 450 y 550 ppm si se toman medidas a tiempo, en la escala necesaria y en la dirección correcta.


De rebasarse este umbral, los pronósticos son catastróficos. Aun en el mejor de los casos el mundo tendrá que prepararse para los impactos socio-ambientales del cambio climático que se intensificarán en los años venideros. Al calentamiento global generado por la concentración de gases de efecto invernadero se añade el hecho de que el proceso económico mismo, que se alimenta de y transforma materia y energía en volúmenes crecientes, genera calor por efecto de la segunda ley de la termodinámica.


La muerte entrópica del planeta no responde a una ley universal, sino al dominio de la economía sobre la naturaleza. nte es