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EL BOLERO. HISTORIA DE UN AMOR Iris M. Z AV ALA .

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243 Segunda etapa - Volumen 5 - No. 7 - Julio/Diciembre 2001 EL BOLERO. HISTORIA DE UN AMOR Iris M.

Z AVALA . Madrid. Celeste.

2000 (Prólogo: Manuel Vázquez Montalbán) Nocturno de amor para tres. Si fuéramos a reseñar este texto como un viaje amoroso por su cancionero, que al final debe empezarse de atrás hacia adelante, como si te instalaras en su cómplice mirada, no pasaría nada. Sólo si tienes parte de su repertorio de autores, conjuntos e intérpretes, puede darte un Banquete 4jAy señor Platón!

4 porque el amor es un encuentro infinito con los males del alma. Dejarse llevar por este texto cultural, al decir de su autora, Iris M. Zavala (Ponce, Puerto Rico 1936), es una aventura en el mal.

Sin dejar de oír(se), El bolero. Historia de un amor nos lleva por esos caminos de la investigadora/creadora, como lo demuestra la autora en un re- gistro crítico/teórico donde habla, discurre, interroga al lector y suel- ta un pie cachete a cachete con el Bolero que nos cuesta soltar... Si duda todavía y no lo cree, va- mos a la obra: Si Marilyn hubiera cantado boleros..., Cien años de ausencia, El bolero o leer la ambivalencia .

Ha de extrañar que el libro comience con el rubio mito esta autobiografía sentimen- tal que sale revestida y transfor- mada, cuando el bolero y su his- Segunda etapa - Volumen 5 - No. 7 - Julio/Diciembre 2001 244 toria arrastra olor a mamey, cacao, guanábana, aromas de templa re- cién cuajada, acompasados sonidos ... more.

de trajín de ingenio cañero, sensa- ciones de baño turco, de melaza entonado en frases de natilla, de ese idioma blando y chorreoso que arde bajo la resolana del trópico (pág. 13).


Y es cuando como cualquier mortal herido por una pena de amor, lleno de deseo se deja llevar por los vericuetos del texto: no, no vino con Cristóbal Colón en las carabelas, pero tiene su principio en la mo- dernidad, una obstinada resonancia cortés, que llega de todas las escri- turas precedentes y del pasado mismo de la literatura, cubre la voz presente del bolero... La palabra de la seducción recuerda su origen (pág. 35) Sí, el texto cultural sigue su curso como si se dejase atrapar por esas manos que lentamente van pasando una a una sus páginas llenas de recuerdos, de memoria amorosa que nos bañan como olas...


Este lenguaje amatorio y su ritmos inscribe sus orígenes en 1885 ó 1886 para unos, 1898 para otros (el tango en 1880). El autor de la letra del bolero recoge todo el universo de finezas amatorias... En el bolero re- suena aquel lenguaje de circularidades que se organiza en confluencia con el fin de siglo moderno/modernista y con la guerra hispanoamerica- na inscrita en versos darianos bajo el signo del cisne (pág.


55). Y vamos cantando a cada letra, lentísima letra de este bolero que es la historia de un amor... como no hay otro igual.


Sí, el origen directo, afirman los musicólogos, es el danzón (aumentativo de danza, pero si se me permite recrear su etimología fonética, dance-song o de dans- ons). Ya en el siglo XIX comienza un proceso de contaminación con la canción romántica (pág. 63) Y vuelves atrás, porque algo fue inadvertido, una canción, una foto, un contexto cultural quizá: y triunfa en simultaneidades cultas y cientí- 245 Segunda etapa - Volumen 5 - No.


7 - Julio/Diciembre 2001 ficas, como parte del gran texto cultural moderno: el bolero nace un año después de Cantos de vida y de esperanza . Los cisnes y otros poemas, y en el mismo año de la publicación de la teoría de la sexualidad de Freud, y del cuadro cLa alegría de vivir d de Matisse. (pág.


56) Y sigues humedeciéndote la lengua 4los dedos no, esos son para otra cosa 4 nos susurra al oído Iris, diosa escurridiza por los bordes de las palabras... El texto del bolero, prosigue adarga en mano, es obra abierta, ambigua, andrógina, que se transforma de acuerdo a las inno- vaciones de los cantantes y al género sexual de los intérpretes (pág 68). Y saltas a otro capítulo de amor.


Mejor sería una rayuela en el amor hecha canción con su tufillo a cursi, y sale al encuentro un flaco con el cabello engominado, con una mirada así como copiada del cine o, mejor, bajada de un póster de cartelera, con un cigarrillo en los la- bios, mirándome, como si yo fuese a cantar cNoche de ronda d; y Agustín Lara invoca todas las palabras y el tropismo sobre la mujer; le convie- nen. Fue un exaltado del amor nocturno. (¡Tan modernista!).


Cantó so- bre todo al cuerpo de la mujer y al del hombre como únicos altares, misas negras que huyen de las definiciones de lo femenino, lo masculi- no. Instante poético, cada bolero. Justicia poética, cada canción que expropia los discursos, los volatiza, los invierte, los desconstruye en transgresiones sociales contra el gran texto cultural de la burguesía americana (pág.


71). Y seguimos pasando páginas, hojas, rostros, letras, bordes de un texto que se abre y deja acariciar, tocar, oler en sus vértices, como un ángulo vencido por el deseo... El bolero canta...


Murmura al oído... fabula historias de amores... conjura deseos...


canta... si olvidar quieres cora- zón (pág. 79) Salto, dejo un intermedio tropical, una foto del gran Benny Moré.


Recuerdos. Telas etéreas, telas floreadas de organdí, chifón, moaré, Segunda etapa - Volumen 5 - No. 7 - Julio/Diciembre 2001 246 tacones dorados, (cenicientas modernas: Vangie, Milagros, Leticia, Raquelita, Edith, Indira, Elba, Andrea...), brillantes pedrerías, tiaras, mostacillas (pág.


96) Que el bolero está marcado por la ley del lenguaje y por la política de los sexos... El final del baile 4contradictorio siempre 4 podría ser catastrófico o esperanzado; el bolero es a la vez la fase ritual y la fase estética... La superficie del cuerpo es la portadora máxima de los men- sajes, con los ojos cerrados, entornados, entreabiertos, con mira- das robadas...


es el fin del estado de inocencia (pág. 98) Apúrate. Te tengo que dejar.


¿Pero ahora que la cosa se pone bue- na, sabrosa, caliente, que me faltan canciones por escribir, desear, maldecir? No, ahora no puedes hacerte el loco, el pirao del amor. Te llamo luego.


No. Adiós. Los únicos enfermos son los que nunca han sabido amar.


¿Por qué no me miras de frente? No. No quiero.


Y lo dijiste, lo sé. El amor es una aventura en el mal. Otto Rosales Cárdenas

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